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Su éxito es inevitable

... Pues todo es vuestro. (1 Co. 3: 21b)   

La falta de información hace con que las personas continúen sufriendo.

Realmente, por detrás de todo lo malo que pasa hay una actividad espiritual negativa que oprime a millones de personas en todo el mundo. En este estudio, hablaré de esa fuerza maligna para que usted la expulse de su vida, haciendo su éxito inevitable.

En la década del 70, la historia de una mujer que se había muerto de hambre chocó a los Estados Unidos. Ella pesaba menos 25 Kg; pedía limosna de puerta en puerta hasta que se murió de inanición en un asilo. Después fue descubierto que tenía una fortuna - más de un millón de dólares en bienes. Con el dinero, podría comprar el mejor restaurante de la ciudad, pero, sin embargo, se murió de hambre. 

Por analogía, nosotros sabemos que hay muchas personas que, aunque ya aceptaron a Cristo y son coherederas con Él, viven exactamente como esa norteamericana; sufren de  pobreza espiritual, física y moral, aunque el Señor Jesús los hizo ricos: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por amor de vosotros se hizo pobre, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Co. 8:9)   

 Una paradoja - Muchos cristianos en todo el mundo pasan por necesidades financieras. ¿Qué es lo que les falta? ¿Son hijos de segunda clase? ¡No! Dios no tiene esa clase de hijos. La Santa Biblia declara que todos los que aceptan al Señor Jesucristo como Salvador reciben el poder de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:12). Les compite a ellos usar ese poder para transformar hasta que reflejen la mirada de un hijo de Dios. Ya lo son, pero, paradójicamente, viven como hijos del diablo. Cuando la Santa Biblia nos informa sobre algo que nos pertenece, nosotros, inmediatamente, debemos tomar posesión de la bendición y empezar a reivindicarla en el nombre de Jesús. Dice la Palabra que Él nos hizo rico: entonces, nosotros tenemos todo lo que necesitamos o lleguemos a necesitar. Sin embargo, pocos cristianos disfrutan de esas riquezas. Ellos podrían disfrutar la vida abundante si tan sólo creyeran en lo que afirman las Sagradas Escrituras.    

La Santa Biblia declara: “Pues todo es vuestro”. (1 Co. 3:21b). No importa quien sea usted, abra la puerta del “cofre celestial” - la oración y la fe en el nombre del Señor Jesús - y pase a disfrutar de todas las riquezas que le pertenece.

Quién era el verdadero pródigo - En San Lucas 15:11-24 Jesús cuenta la parábola del hijo pródigo. El relato está claro: el hijo menor era rebelde, un derrochador. Pero él, un día decidió buscar ayuda en quien lo amaba de verdad: el padre. Muchos cristianos necesitan volver inmediatamente a la comunión con el Padre, porque mientras estén “cuidando de cerdos”, ni la comida de les satisfará. Las riquezas del Señor están disponibles, pero ellos las están desperdiciando.   

En el principio de la parábola, vemos que el padre dividió sus bienes entre sus hijos. De la misma manera, nuestra parte está con Dios, pero, cuando nosotros estamos necesitando, basta con que le pidamos. El texto muestra que el segundo hijo era un murmurador (Lc. 15:25-30), en otras palabras, era el verdadero hijo pródigo. Si él no tenía sus necesidades suplidas, era porque no las declaraba. No sea un derrochador de bendiciones. Basta pedir que Dios hará la obra: “Y todo lo que pidáis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. (Jn. 14:13)

Usted puede morirse en la pobreza - Aunque sea de Dios, una persona puede vivir y morirse en la pobreza espiritual. Si usted no es corajoso, no “abre la puerta del cofre celestial”, sacando de ahí todo lo que necesita, podrá morirse en una condición de pobreza total. Podemos afirmar que, el que no asume lo que es suyo en Cristo, vive en la pobreza espiritual. Le falta prosperidad, logro en la vida, salud, amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre, dominio propio, etc. Sin embargo, el  que toma posesión de lo que es suyo, disfruta la vida abundante, no teniendo, incluso, problemas de conciencia. Para disfrutar de todas las bendiciones que el Señor Jesús conquistó, no tenemos que ser religiosos; sólo tenemos que ser practicantes de la Palabra.   

Usted puede morirse en la pobreza - Aunque sea de Dios, una persona puede vivir y morirse en la pobreza espiritual. Si usted no es corajoso, no “abre la puerta del cofre celestial”, sacando de ahí todo lo que necesita, podrá morirse en una condición de pobreza total. Podemos afirmar que, el que no asume lo que es suyo en Cristo, vive en la pobreza espiritual. Le falta prosperidad, logro en la vida, salud, amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre, dominio propio, etc. Sin embargo, el  que toma posesión de lo que es suyo, disfruta la vida abundante, no teniendo, incluso, problemas de conciencia. Para disfrutar de todas las bendiciones que el Señor Jesús conquistó, no tenemos que ser religiosos; sólo tenemos que ser practicantes de la Palabra.   

Usted puede morirse en la pobreza - Aunque sea de Dios, una persona puede vivir y morirse en la pobreza espiritual. Si usted no es corajoso, no “abre la puerta del cofre celestial”, sacando de ahí todo lo que necesita, podrá morirse en una condición de pobreza total. Podemos afirmar que, el que no asume lo que es suyo en Cristo, vive en la pobreza espiritual. Le falta prosperidad, logro en la vida, salud, amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre, dominio propio, etc. Sin embargo, el  que toma posesión de lo que es suyo, disfruta la vida abundante, no teniendo, incluso, problemas de conciencia. Para disfrutar de todas las bendiciones que el Señor Jesús conquistó, no tenemos que ser religiosos; sólo tenemos que ser practicantes de la Palabra.   

El hijo pródigo volvió en sí. Tomó la iniciativa, quiso y dijo para sí mismo que se levantaría e iría a su padre; él no se quedó ahí parado llorando las aflicciones. Esa norteamericana no disfrutó de su riqueza; se murió de hambre. Ella era la única persona que podía hacer alguna cosa por sí misma. Usted también es el único que puede ayudarse. ¿Qué es lo que hará? ¿Vivirá así como está o tomará una posición de vencedor?   

Un hecho lamentable - Algunos hijos de Dios no disfrutan de la riqueza de Dios, porque todavía tienen la conciencia pecadora, creyendo que no merecen nada. De alguna forma, muchos predicadores confunden en vez de ayudar cuando predican sobre el merecimiento de los hijos de Dios. De hecho, nosotros no tenemos en nosotros mismos ningún mérito, es decir, no hay nada en nosotros que nos haga merecedores del Señor. Sin embargo, todo lo que alcanzamos (o deberíamos alcanzar) fue concedido por Jesús que conquistó todas las bendiciones en Su victoria en la cruz; por consiguiente, los méritos son de Él. Pues bien, nosotros tenemos derecho a todo lo que Cristo compró, pues su obra en la cruz fue hecha por nosotros y no en favor de Él mismo o del Padre. Mientras alguien cargue culpa, no tendrá valor y fe suficiente para llegar ante Dios ni tampoco tomará posesión de lo que le pertenece.

Aquí está muy claro: “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. (Rm. 8:1). Puede estar seguro de una cosa: no es su espíritu que le trae recuerdos pecaminosos, porque ya fue recreado en Cristo Jesús y, por consiguiente, es puro y libre. Tampoco es el Señor Jesús, porque ya lo perdonó. Quien le trae esos recuerdos horribles es el diablo, porque quiere separarlo de Dios.

Si el diablo insiste en traerle los recuerdos del pasado, afírmese en la Palabra de Dios y dígale al diablo: “Tú no extenderás más rumores a mi respecto. Yo soy nueva criatura y, como tal, no te debo nada. En el nombre de Jesús, yo ato tu acción. Conmigo tú no conseguirás nada más”.

Mi estimado lector, goce de la vida abundante que el Señor Jesús le ofrece, sabiendo que nada, absolutamente nada, lo apartará de la comunión con el Padre (Rm. 8:35-39). Usted fue destinado para vencer; su éxito es inevitable. No le dé ninguna oportunidad al diablo para que le oprima o le haga vivir derrotado, enfermo, triste y sin ganas de vivir.   

Si usted todavía no aceptó al Señor Jesús como su Salvador y Señor, hágalo en este momento. Si lo hace, Él le perdonará todos sus pecados, le dará una nueva vida y hará de usted una bendición. No se olvide de buscar una iglesia evangélica en la que usted pueda aprender más sobre la voluntad de Dios para su vida. Que sus labios siempre sean usados para glorificar al Señor, es mi oración.

Misionero R. R. Soares   


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