


Para nosotros hay muchas lecciones en el relato de la cura de una cierta mujer cuando Jesús ministraba la Palabra en una sinagoga, conforme está registrado en el Evangelio de San Lucas. El sufrimiento de aquella señora nos sirve de espejo para que veamos lo que sucede con las personas que, a pesar de religiosas, viven apartadas del amor de Dios, de la realidad espiritual y debajo del yugo esclavizante del enemigo. Ella poseía un espíritu de enfermedad, estaba en una prisión, y todo eso por orden directa de Satanás, que ejercía un dominio sobre ella. Al recibir la Palabra de la Verdad y colocarse delante del Señor, entretanto, su mal se volvió simplemente una enfermedad de fácil cura para el Señor Jesús. Estoy seguro que las lecciones que veremos en este estudio, evidentemente ayudarán a todos los lectores a que tomen una posición en el sentido de librarse de cualquier herida que los esté afligiendo.
Enseñaba Jesús en una sinagoga en sábado, y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: -Mujer, eres libre de tu enfermedad. Puso las manos sobre ella, y ella se enderezó al momento y glorificaba a Dios. Pero el alto dignatario de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiera sanado en sábado, dijo a la gente: -Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en sábado. Entonces el Señor le respondió y dijo: -Hipócrita!, ¿no desatáis vosotros vuestro buey o vuestro asno del pesebre y lo lleváis a beber en sábado? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en sábado? San Lucas 13.10-16
Enseñaba en sábado – Jesús eligió el día de descanso de los judíos para mostrarle al pueblo lo que estaba por detrás de los sufrimientos.
Desgraciadamente, aún hoy, Su enseñanza no fue asimilada. Algunos ni siquiera intentan identificar la importancia de lo que el Maestro ministró ese día, con el fin de que pudiésemos vivir mejor, agradando al Señor. El hecho de no haberse dicho en cual sinagoga sucedió el episodio, es una prueba de que el lugar no importa, pero sí lo que se ministró allí.
La lección dada por Jesús debió ser sobre la causa del sufrimiento, pues eso hizo que la señora que recibió el milagro fuese iluminada y vista por el Señor. La verdad es que la humanidad es como un hormiguero en las tinieblas, las personas andan de un lado para el otro, buscando mejores condiciones de vida, un tratamiento para sus males, lugares que más le agradan para vivir, nuevas amistades, etc.
En esa búsqueda por paz, alegría y satisfacción, muchos se entregan a los vicios, a la prostitución, a la deshonestidad y a diversos medios ilícitos que surgen como la solución para los problemas del día a día; pero la real felicidad sólo se encuentra con el Príncipe de la paz.
Cuando Jesús mostró que por detrás de toda anormalidad existe un espíritu de enfermedad y que solamente Él, el Mesías, poseía poder por sobre los espíritus malignos, la mujer no solamente descubrió la causa de su desdicha, sino que también entendió que estaba delante del que podía darle la solución. Al aprender, ella se iluminó, al iluminarse, el Señor puede verla; en otras palabras, Él vio que el camino estaba abierto para poder obrar en esa vida. Es necesario abrir el camino para que el Señor obre en nuestra vida. Como Juan el Bautista, debemos preparar el camino del Señor.
Lo que hacía el espíritu de enfermedad – Ella se encorvaba cada día más. Cualquier especialista hubiera dicho que el problema de la mujer era una vértebra fuera del lugar, alguna hernia o cualquier otro mal, y desde el punto de vista científico, ellos hasta podrían estar en lo cierto; pero la Palabra dice que era un demonio que tenía los pies sobre su cuello, haciéndola que se encorve cada días más. San Lucas, el escritor sagrado que era médico, dice que de ningún modo ella podía enderezarse. Esto nos recuerda a algunas personas que conocemos: cada día se encorvan más pero en el error y no consiguen de ninguna manera librarse de sus sufrimientos. Cuando un demonio tiene dominio sobre alguna área de nuestro cuerpo o de nuestro ser, esa parte queda bajo su nefasta acción, y de un momento para otro, o poco a poco, la persona va tomando la forma que le fue diseñada en el infierno.
Ciertamente, el Señor Dios no concibió que ninguna persona esté deformada tanto física como moralmente. Para reparar situaciones como esa, Él nos llamó para predicar el Evangelio. Nosotros no debemos, bajo ninguna hipótesis, manifestar que alguien es irrecuperable o que algún problema es irresoluble, pues Jesús dice que el que cree en Él, aunque esté muerto – en un estado en que, humanamente hablando, nada más se pueda hacer – vivirá. Nuestra misión siempre debe ser la de predicar y usar el poder del Señor para solucionar los casos más difíciles.
Jesús la llamó – Allí estaba una mujer en la que habitaba un espíritu de enfermedad, pero Jesús la vio y la llamó para que se le acerque. ¡Que imagen más linda! Aún hoy, debemos llevar y acercarlos al Señor a todos los que son tomados por cualquier espíritu. Sólo el Señor Jesús puede librar al que está oprimido por las fuerzas de las tinieblas. Él no desea solamente tener a su lado al que vive subyugado por las fuerzas infernales, sólo quiere darles a estos la plena liberación. Delante del Señor, esos poderes pierden fuerza y capacidad de reacción, y los cautivos son liberados.
Es interesante notar que el Señor no hace cualquier oración por ella, tampoco pidió que los presentes oren para que ella sea libre del mal. Él tampoco encomendó que hiciese alguna penitencia o sacrificio, mas, simplemente declaró que ella estaba libre de la enfermedad. Al ver que sucedió el milagro, el líder de la sinagoga se enfureció. Como no podía negar que aquella señora había sido curada, él se irritó e intimó a las personas a que no busquen ser curadas los sábados, pero sí, en los demás días de la semana (¡Como si allí las maravillas ocurrieran siempre!). Entonces Jesús realizó algunas revelaciones sobre lo que de hecho ocurría con aquella señora que fue curada.
Posteriormente nos enteramos de que era un espíritu de enfermedad que la poseía. En el versículo 16, Jesús hace dos revelaciones: ella era hija de Abraham y estaba atada. Al decir que ella era hija de Abraham el Señor estaba reprendiendo a las personas que piensan y enseñan que quien está oprimido, por algún espíritu, no pertenece al pueblo de Dios. Esa mujer estaba inscrita en el Cielo como miembro de la familia de Dios, siendo Abraham el padre de la fe.
Al revelar que ella estaba atada, el Maestro mostraba la necesidad de ayuda, pues el que está atado no consigue desatarse por si mismo; solamente alguien con autoridad puede poner en libertad a los prisioneros. Estando cautiva, esa persona no tiene poder sobre sus movimientos y decisiones, pues esta bajo la acción de una fuerza infernal.
Agentes infernales – En ese episodio bíblico, el Señor Jesús afirmó que era el mismo Satanás el que la prendía. Eso trae una revelación más profunda que necesita estudiarse: Satanás tiene un reino y tiene agentes que lo obedecen, con el auxilio de los cuales, consigue agarrar hasta a los hijos de Abraham. Su reino es organizado, pues, si así no fuera, no se mantendría: De igual manera, si Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? Os digo esto ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios (Lc 11.18). Un reino no se compone solamente de un rey; sabemos que un tercio de los ángeles cayeron con Lucifer y lo siguen. Ellos son los agentes que el archienemigo de la humanidad tiene a su disposición para realizar sus terribles obras en medio de la humanidad.
Para que entendamos mejor como trabaja el reino del mal, pensemos en los gobiernos que existen en el mundo. Un país, para invadir a otro, no sale con su ejército y sin más ni menos entra en ese territorio y realiza su voluntad. ¡No! Primero, envían a los espías que hacen un análisis de la capacidad de reacción del país a ser invadido, son rastreados y estudiados los puntos fuertes y débiles, los ríos, los puentes, la localización de los cuarteles y su fuerza, la región en donde viven las personas, los aeropuertos, la capacidad de su fuerza aérea y así en adelante. Después de varios estudios, la nación invasora, de algún modo intenta causar un descontento en los ciudadanos, poniéndolos en contra de las autoridades constituidas; a continuación, se emiten declaraciones contrarias a los gobernantes del país a ser invadido a través personas de alto escalafón del país invasor. Muchas veces, con el propósito de preparar el terreno para la invasión, por pura provocación o para medir la capacidad de reacción. El espacio aéreo, el mar territorial y otros más son violados.
Como reino organizado, el infierno obra de la misma manera. A modo de ejemplo podemos hablar de un caso de infidelidad conyugal, en donde un cónyuge comete adulterio. La cosa no comienza del día para la noche. La obra maligna comienza con un enfriamiento, enfados o con algunas tonterías que provocan discusiones. En el trabajo alguien cuenta una historia sobre alguna cosa desagradable que le sucedió a otra pareja, y la semilla maligna es sembrada. En una charla familiar, se comenta otro caso, y se siembra otra semilla. Después, al ver una película, se siembra otra semilla; hasta el pastor que no veló, en uno de sus “sermones”, un día también puede ser usado para sembrar otra palabra maligna. A continuación los cónyuges su vuelven fríos en la fe, no oran ni leen más la Biblia; pasan a ser influenciados por la sensualidad que ven en la TV, por fotos eróticas exhibidas en las revistas, etc. y, charlando con los amigos, el diablo consigue colocar más semillitas en sus corazones. Hasta que un día, comienzan a ceder. Al principio, no pasa todo de una “amistad”, después la cosa evoluciona y alcanza el pecado. A veces, la parte que está equivocada siente el toque del Espíritu Santo y cae en llanto, pidiéndole a Él no deje que suceda nunca más eso; entretanto, apenas siente paz en el corazón, vuelve a permitir algunas tentaciones o pensamientos como: “Si me quedo viudo, yo me caso con aquella persona… Porqué no la conocí estando soltero”, etc.
Los agentes del reino infernal son pacientes, ellos fueron adoctrinados en la perseverancia. Ellos saben que la semilla sembrada en los corazones, tarde o temprano, rendirá su fruto. El que fue tentado y cayó, no fue lo bastante sincero con el Señor, no Le expuso lo que pasaba en su corazón y no Le pidió que sacase tales cosas de su vida; entonces, llegó el día y un hogar más se deshizo.
¿Qué cosas pasaron por su vida? Si hay algo que la Palabra de Dios condena, desásgase de eso lo más rápido posible. Usted esta siendo tentado por las fuerzas del infierno, las cuales obedecen a su gran jefe y trabajan para llevarlo a la destrucción eterna.
Abra sus ojos ahora mismo, y huya de toda la embestida satánica. Si usted cede, estará atado, y así, Satanás lo mantendrá. Su voluntad será de él y Satanás lo dominará como quiera, haciendo de usted otra víctima. Esto vale para cualquier otra tentación.
Una paradoja – La mujer curada por el Señor tenía un espíritu de enfermedad, estaba en una prisión en donde Satanás la mantenía presa. La persona que está lejos de Jesús vive en una realidad dura y dolorosa: el jefe de los infiernos la domina y la hace sufrir. Eso que para ella es amenazador y amedrentador, para nosotros que somos de Jesús, es la cosa más fácil de lidiar. La mujer en cuestión, lejos de Jesús, vivía con ese demonio que actuaba en su vida, en una prisión espiritual, la cual era comandaba por el jefe de la confusión. Pero cuando escuchó la Palabra de Dios y aceptó la invitación de Jesús, escuchó del Maravilloso Señor que todo eso era solamente una enfermedad, una debilidad; y más: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Sólo de bastó oír la Palabra y creer en la invitación del Señor para que estuviese libre.
No importa cuanto lo ha hecho sufrir el enemigo. Su clase de sufrimiento, sea cual fuere, no es nada más que un plan diabólico que tendrá éxito hasta que usted escuche la Palabra. Ahora acepte la invitación del Señor Jesús, camine hacia Él y sea libre de su enfermedad – debilidad. Como ministro de Dios, yo digo: sea libre, en Nombre del Señor Jesús. Puede parecer una paradoja, pero lo que parecía fuerte y dominaba a esa señora, en la presencia de Jesús, se volvió tan débil, que no puede mantenerse como su dominador, como lo hiciera durante 18 años.
En cuanto a usted, estimado lector, le digo: todo lo que tiene que hacer es creer y manifestar su liberación. Dios me usó en este artículo para colocarlo delante del Señor y en esa condición usted ya está libre.
Sea una bendición.
En Cristo, con amor,
Misionero R. R. Soares